El totanero Alejandro Cánovas y su compañera, Zineb Semmouzi, galardonados con el primer premio en la categoría de diseño gráfico en el CreaMurcia 2025
Un proyecto de aula se alza con un premio regional: Alejandro Cánovas Burgos gana CreaMurcia 2025 con “El archivo Edi”
Para quienes no te conocen, ¿quién es Alejandro Cánovas Burgos?
Ahora mismo, soy un estudiante de la universidad. Estoy haciendo el Grado de Diseño Gráfico. Antes de eso, hice fotografía, un grado superior en la Escuela de Arte. Estuve trabajando en eso como un año, pero me tiraba más el
diseño gráfico. Era algo que me interesaba desde que tenía 16-17 años. Ahora tengo 26.
Actualmente, me dedico a eso principalmente y a hacer proyectos artísticos de vez en cuando, cuando van surgiendo. Sobre todo, lo hago con gente porque me gusta mucho colaborar. Por ejemplo, el premio CreaMurcia lo
gané con una amiga.
¿Cómo definirías tu perfil creativo?
Buena pregunta. Es algo que tengo que explicar muchas veces. Yo creo que antes me consideraba más un artista, cuando hacía más fotos y me iba más al lado emocional.
Y ahora, que estoy más metido en el mundo del diseño, me he vuelto más técnico en el sentido de ver las cosas que hago como soluciones a problemas. Creo que esa es la filosofía que se lleva a cabo ahora en el diseño.
Entonces, creo que ese es mi método de trabajo. Cuando se nos presenta cualquier cosa, tenemos que saber la mejor forma de mandar un mensaje. Creativamente, eso es lo que más me mueve: encontrar la mejor solución a un
problema.
¿Cuándo descubriste que querías dedicarte al diseño gráfico?
Mi vocación ha cambiado muchas veces.
Desde que tenía 13 años o así (que ya tenía acceso a Internet y me pasaba las tardes en el ordenador) conocí a muchísima gente y aprendí a usar Photoshop. En aquel tiempo, hacíamos cualquier tontería que nos interesara.
Y haciendo comunidad, empecé a hacer cosas por gusto porque, obviamente, eso no tenía ningún futuro ni ninguna calidad. Y ahí me quedó siempre ese interés, aunque perdí un poco la dedicación.
Estuve experimentando más con la fotografía, porque es lo que quería hacer por aquella época. Pero siempre se mantuvo ahí el gusanillo y cuando estuve trabajando con las fotos me dije: “a mí, lo que me gusta hacer es montar las fotografías con el ordenador, retocarlas y trabajar como un editorial”. Ahí decidí que tenía que tirar por eso, porque es lo que de verdad me llamaba. Y desde que estoy en la carrera, estoy convencido de que esto es lo que quiero hacer.
¿Qué referentes visuales o culturales han marcado tu manera de diseñar?
Cuando hacía fotografía, me llamaba mucho Nan Golding, pero creo que ese estilo ya lo dejé. Antes mis fotos eran mucho más oscuras, góticas… Un rollo mucho más de adolescente un poco deprimido. Y ahora me muevo más por diseñadores, obviamente.
Creo que una figura a la que recurro es Ingrid Picanyol, que es una diseñadora de Cataluña.
Vino a Murcia a dar unas charlas hace un par de años. Me gusta mucho lo que hace.
Creo que su trabajo es muy actual, pero sigue manteniendo una formalidad muy buena. Es moderna y fina a la vez.
Además, también me fijo en mis amigos. Tengo muchos amigos dentro del mundo del arte y creo que hacen cosas muy chulas.
Siempre voy viendo lo que van haciendo y nos retroalimentamos.
¿Recuerdas el primer proyecto que sentiste realmente “tuyo”?
Sí, se trata de un trabajo que también seleccionaron para el Crea-Murcia, pero que no gané. Creo que fue en 2021 y fue el primer proyecto que hice por mi cuenta. En esa época, mi familia estaba de mudanza y creé un álbum de fotos de todas las cajas que íbamos sacando. Hoy creo que el proyecto se podría haber hecho bastante mejor, pero eso fue lo primero que nació de mí. Realmente, quería contar esa historia.
¿Cómo recibiste la noticia de que habías ganado el primer premio de Creamurcia 2025 en diseño gráfico?
No nos lo esperábamos, eso nunca te lo esperas. Hicimos el proyecto y dijimos: “venga, vamos a presentarlo”. Me acuerdo que se entregó el día antes de que cerraran el plazo.
A última hora. Bueno, incluso dudamos de si mandarlo o no.
Fuimos al CreaMurcia sin ninguna esperanza, pensando que con la exposición del trabajo ya nos habíamos llevado algo positivo. De hecho, muchas veces se piensa que los concursos son para ganarlos, pero lo que mueve más
es que la gente te vea.
Por todo ello, nosotros estábamos tranquilos. Pero, de repente, dijeron nuestro nombre y lo primero que hice fue llamar a mi madre. La verdad es que fue completamente inesperado.
Nos hizo mucha ilusión porque fue un trabajo muy intenso que sacamos adelante con muy poco tiempo. Creíamos que el trabajo no se iba a ver y al final… Se vió.
¿Qué significa este reconocimiento en este momento actual de tu carrera?
Es la primera vez que se me reconoce algo dentro del diseño gráfico y eso siempre sienta muy bien. En especial, cuando estás (entre comillas) en una disciplina nueva o queriendo afianzarte como alguien dentro de ese terreno.
Sinceramente, lo primero que se me vino a la cabeza es: “esto me viene muy bien para el portfolio”. Cuando salga a buscar trabajo, es posible que la gente de Murcia ya me conozca. Y eso es algo que me viene muy bien a mí y a
mi amiga. Este reconocimiento te ayuda a quitarte el síndrome del impostor y, además, sirve de lanzadera.
¿Te presentaste con expectativas reales de ganar o fue más una prueba/experimento?
Como he comentado, dijimos: “vamos a presentarlo ya que está, ¿por qué no? No tenemos nada que perder”. No fue un proyecto hecho para ganar.
Fue un proyecto que se hizo y pues… terminó ganando.
¿Qué es exactamente El archivo Edi y cómo se lo explicarías a alguien fuera del mundo del diseño?
Creo que para entender de qué va, tienes que ver de dónde nació. Esto es un trabajo de clase. Un trabajo que se hace todos los años en segundo de carrera. A nosotros, se nos propuso emprender una exposición que iba a hacer la
escuela con trabajos de alumnos y TFGs. En eso se fundamenta. Y sí, estábamos preocupados porque era un trabajo de clase que tenía que salir bien porque nos interesaba tener buena nota.
Nos dieron un mes para entregar una propuesta. Eso es poco tiempo y cuando tienes que coordinarte para trabajar, la locura es aún mayor.
Pero bueno, basándonos en eso, dijimos:
“¿cómo podemos representar a la escuela de alguna forma?”
Lo que sí teníamos claro es que nuestro trabajo debía ser longevo, es decir, que a partir de él se pudiera hacer otra edición.
Así surgió la idea del archivo. Y nos influenciamos en la figura de una persona del 1800 que se encargaba de recoger piezas de arte. Un personaje con dinero, claro. Un día, esta persona, decidió abrir las puertas de su casa para
que otros vieran su colección de arte. Nosotros hemos hecho algo similar: recopilar los trabajos de los alumnos de la escuela desde tiempo atrás (dando visibilidad a lo mejor de lo mejor) y abrir las puertas al público para que
todos vean sus piezas preciosas.
Entonces, madurando esa idea del archivo, empezamos a jugar tanto con el archivo físico como con el digital. De ahí viene el juego con papel, con cartulinas, con el icono del archivo del ordenador, con las extensiones de los archivos que se usan en diseño gráfico (que es la de Photoshop, el PST, la AI, etc.).
Podemos entender la escuela como un “colector de arte” que guarda tesoros.
¿Qué narrativa querías construir con eso?
No queríamos construir una narrativa como tal. Al final, simplemente se hizo la exposición de El archivo Edi en La Cárcel, donde cada espacio representaba algo de la escuela.
Básicamente estábamos abriendo las puertas de nuestra mansión y estábamos dejando ver todas las piezas que durante tanto tiempo hemos cuidado. Esa fue nuestra narrativa principal.
¿Qué decisiones de diseño fueron las más difíciles de resolver?
La etapa inicial fue la más difícil. Empezamos trabajando con ‘cero información’. De hecho, no teníamos ni fechas concretas. Y era una sensación extraña porque estábamos trabajando para un organismo del que somos parte.
Pero claro, imagínate que haces un diseño, a tu juicio, muy bueno, pero luego no gusta a la persona que lo tiene que valorar. Esto es, tuvimos que luchar por una idea que no sabíamos si iba a gustar.
Tuvimos muchas dudas y cambiamos muchas cosas. Sin exagerar, puede haber 20 carteles diferentes con los que probamos para ver si encajaban o no. Hasta que no llegamos a afianzar la idea, fue todo un quebradero de
cabeza.
¿Hubo algo que tuviste que sacrificar del conceptoinicial?
Sí, teníamos una parte muy grande dedicada a lo digital e incluso quisimos meter fotos. Pero no pudimos incluir nada de fotografía para hacer promociones. Quisimos mostrar a la gente de la escuela con folios que se les caían, archivos, carpetas que se abrían y cosas así. En resumen, teníamos un mood board ya preparado para eso, pero nos dijeron que no había tiempo para más.
Además, se acercaba la época de exámenes.
¿Qué herramientas y software fueron clave en el desarrollo del proyecto?
Fueron los clásicos: Photoshop, Illustrator, After Effects… Y dedicamos mucho tiempo a imprimir en papel. Lógicamente, como teníamos entre manos archivos físicos, estuvimos jugando manualmente con carpetas antiguas de la
escuela (por ejemplo, te puedo hablar de recortes de invitaciones).
Obviamente, cuando trabajas para un organismo público (que tiene el dinero que tiene), hay que ajustarse a unos presupuestos. Eso nos llevó a delimitar lo que podíamos hacer y lo que no.
En 2024 ganaste junto a Marina Carpio con La sobremesa.
¿Qué aprendiste de aquel proyecto que te ha servido ahora?
Sí, aunque en verdad, tengo que decir que los dos premios los he ganado con alguien. El de 2024 junto a Marina Carpio (que es con quien formo el estudio La Herida) y este año, junto a Zineb Semmouzi, que es una de mis compañeras de clase.
El CreaMurcia funciona bastante bien a nivel mediático y de reconocimiento, pero a veces, cuando te presentas como un colectivo, solo ponen el nombre de una persona, de modo que el resto se queda fuera. Evidentemente,
nos quejamos y en la gala sí lo arreglaron. Pero, retomando la pregunta, lo que quizás me ayudó a ganar de nuevo fue el hecho de que ya salió bien en 2024. Y,
¿por qué no intentarlo de nuevo?
Es verdad que son categorías muy diferentes. El premio en artes visuales fue una experiencia única porque el proyecto salió de nosotros. Aún así, ese premio de 2024 fue muchísimo más inesperado que este. Nos quedamos paralizados cuando dijeron nuestros nombres, pero nos hizo mucha ilusión. Sobre todo, la recepción que tuvo después. Y es que, al principio, sí que vimos algún comentario polémico de gente que solo veía una mesa con platos sucios. Pero después, como digo, muchos vinieron a decirnos que les había gustado, y nos dieron la enhorabuena.
¿Prefieres trabajar en solitario o en coautoría?
Me da un poco igual. Sí que creo que en el diseño siempre está bien tener otro par de ojos trabajando contigo. Todo lo que vemos y recibimos es subjetivo y pasa por nuestro propio filtro. Pero sí, quizás a mí algo me cuadra muchísimo (por mis conocimientos), pero otra persona puede ver lo mismo y no entender nada. Por ejemplo, Marina Carpio y yo nos mandamos muchas cosas con las que estamos trabajando. Respondemos a preguntas del tipo:¿Qué ves aquí? ¿Qué opinas?
Por eso, trabajar con gente está muy chulo. Además, ganar este tipo de premios sabe mejorcuando lo compartes con alguien porque no solo te alegras por tí, sino por tu amiga. Todo un reconocimiento mutuo. Pero realmente, en el campo del diseño gráfico, trabajo muy bien en solitario. Y en la vertiente más artística, me gusta más colaborar.
¿Te interesa más el diseño cultural, expositivo, editorial, de marca…?
Voy cambiando. Ahora mismo estoy muy centrado en lo digital, en web, en marca… Pero, sobre todo, en lo digital. Me he pasado casi todo segundo y tercero de carrera trabajando en editorial y es normal acabar un poco fatigado. Pero sí, me gusta mucho diseñar cosas que tengan que ver con música, discos, dirección de arte, etc. Y todo lo que tenga que ver con una pantalla me interesa.
¿Crees que los concursos son una buena plataforma para diseñadores emergentes?
Creo que sí, pero depende del concurso. CreaMurcia lo hace muy bien. De hecho, recuerdo que aquella noche que ganó nuestro proyecto en 2024, empezaron a seguirnos como 100 personas en Instagram.
No obstante, cuando hablamos de concursos de “más nivel”, en los que tienes que pagar para poder presentarte, creo que las cosas se pueden llegar a tergiversar.
Y es más difícil afirmar si sirven o no para algo, más allá de ponerse medallitas.
Cuando los concursos son locales y tienen la misión de dar a conocer a gente de la zona, el impacto se nota. El CreaMurcia funciona. Los medios de comunicación de Murcia lo apoyan mucho. De hecho, las dos veces que hemos ganado nos han hecho entrevistas y artículos para revistas. La gente se vuelca con esto y está muy guay. También ayuda el que tanto yo como otros amigos ya hayamos participado en varias ediciones.
Hemos conocido a la gente que lo lleva. Y sí, ponen mucho esfuerzo en lo que hacen.
¿Cuál sería el siguiente proyecto soñado para Alex Burgos?
La verdad es que no lo pienso mucho. Todo lo que venga, lo cojo. Aunque sí es verdad que queremos hacer algo con nuestro estudio, La Herida. Tenemos siempre ideas rondando nuestra cabeza. Hemos hecho un calendario y tenemos la intención de hacer algo más de gráfico entre los dos. Y sí, mi proyecto soñado ahora mismo es que La Herida funcione como estudio. Creo que en eso me voy a enfocar ahora.




















