Toda una vida entre capirotes. Rosa Galindo Martínez y su hija Ana María García Galindo mantienen la tradicional tarea de rizar esta parte de la vestimenta nazarena totanera.

Toda una vida entre capirotes.  Rosa Galindo Martínez y su hija Ana María García Galindo mantienen la tradicional tarea de rizar esta parte de la vestimenta nazarena totanera.
Toda una vida entre capirotes.  Rosa Galindo Martínez y su hija Ana María García Galindo mantienen la tradicional tarea de rizar esta parte de la vestimenta nazarena totanera.
Toda una vida entre capirotes.  Rosa Galindo Martínez y su hija Ana María García Galindo mantienen la tradicional tarea de rizar esta parte de la vestimenta nazarena totanera.
Toda una vida entre capirotes.  Rosa Galindo Martínez y su hija Ana María García Galindo mantienen la tradicional tarea de rizar esta parte de la vestimenta nazarena totanera.

S i hay un elemento característico de la Semana Santa de Totana es la túnica negra de nazareno. Y de ella, una pieza singular es sin duda el capirote rizado, algo típico de este municipio.

Precisamente, dar ese particular rizo a los capirotes es una tarea que ya no realiza prácticamente nadie en Totana.

Rosa Galindo Martínez y su hija Ana María García Galindo son de las pocas personas que mantienen esta tradición.

Ana explica que es la séptima generación que se dedica a rizar capirotes. Por su parte, su madre Rosa comenta que su bisabuela, que tenía tres hijas, enseñó en su momento sólo a su hija mayor. Sin embargo, explica que en tiempos de la Guerra Civil, la gente aprovechaba las túnicas para hacerse los vestidos de luto, por lo que cuando acabó la contienda bélica, hacían falta túnicas y por ello aquella hija mayor acabó enseñando también a rizar capirotes a su hermana, en este caso la abuela de Rosa y bisabuela de Ana, respectivamente, de nombre Dolores Núñez, ante la necesidad de manos que colaboraran en esta tarea.

Dolores, a su vez, enseñó a su hija Eulalia Martínez Núñez, quien, después de muchos años dedicándose a esta tradicional función, cuando ya veía que no podría seguir por mucho tiempo rizando capirotes, enseñó a su hija Rosa Galindo y a la hija de ésta, su nieta Ana María, quienes a día de hoy mantienen esta particular tradición.

Tanto Rosa como su hija Ana explican que la técnica utilizada para rizar el capirote es la misma que ya empleaban en otros tiempos las mujeres de su familia, y de hecho incluso utilizan las mismas tablas de madera que ellas usaban, que ya acumulan más de un siglo y aparecen llenas de las marcas de los capirotes humedecidos que por ellas pasaron y de los miles de alfileres en ellas clavados. La técnica, explican, consiste en enrollar la parte de abajo del capirote con un paño hasta la mitad.

Posteriormente se coloca en la madera y se van haciendo con cuidado los pliegues, a la par que se va humedeciendo la zona con agua y goma arábiga para que una vez seco quede tieso. Se engancha a la madera con diferentes alfileres y se deja secar al sol, algo que requiere al menos dos días. Por las manos de estas mujeres han pasado miles de capirotes que luego lucen los nazarenos por las calles de Totana los días de Martes, Jueves y Viernes Santo, sin duda un motivo de orgullo para ellas, que comentan, con la experiencia de todo este tiempo, que es una tarea minuciosa y que por ejemplo, cuesta más rizar un capirote de tela de brillo porque resbala más al hacer los pliegues.

Si bien una sola persona puede rizar el capirote, explican que si se hace entre dos es mucho más rápido. Ante el volumen de trabajo que se les acumula, dedican muchas horas, sobre todo en temporada alta, ya entrados en Cuaresma, cuando llegan a hacer del orden de cuarenta en un solo día. A esta singular tarea se dedican todo el año, pero sobre todo y de manera más intensa desde el mes de enero y hasta el Lunes Santo, que es el día que se marcan para dejar de atender encargos, sobre todo porque ambas son grandes amantes de la Semana Santa y quieren disfrutar de esta celebración. De hecho, atienden encargos tanto de establecimientos comerciales dedicados a la confección y venta de túnicas como de particulares que llevan sus viejos capirotes para volver a realizarles el rizo que han perdido. En este sentido, explican que el rizo del capirote no se pierde nunca, excepto si se moja o se lava, ya que el agua es su principal enemigo.

Ana explica que mantienen el mismo precio por rizar un capirotes que el que ya tenía su abuela y que se dedican a ello por mantener una tradición que no quieren que se pierda: “Mi abuela de hecho, nos enseñó a mi madre y a mí por esta misma razón cuando veía que ya no iba a poder seguir”. Por ello, espera que después sean sus propias hijas las que puedan continuar con esta función.

En un año normal pueden rizar una media de 600 capirotes, explica Ana, si bien, este 2022 ha descendido mucho el número de encargos que tienen, debido a que mucha gente ya lo tenía preparado desde hace dos años en que por la irrupción de la pandemia del coronavirus se suspendió la Semana Santa a falta de pocas semanas para su inicio o también porque, a su juicio, se nota “cierta frialdad” ante la llegada de esta celebración. Por ello, señala que este año no llega a doscientos los capirotes que han realizado a estas alturas. Dice que incluso hay gente que se lo llevó para que se lo rizaran hace dos años y todavía no ha ido a recogerlo.

Rosa confecciona asimismo cuerdas, algo que también le enseñó su madre y que dice que lleva mucho más trabajo que rizar un capirote. Además de las típicas cuerdas negras y blancas, ha realizado algunas muy elaboradas, como las que luce su hija, con el típico color verde y motivos de la Hermandad de Jesús y La Samaritana.

Y es que tanto Rosa como Ana sienten devoción por la Semana Santa. Ambas pertenecen a la Cofradía de la Santísima Virgen de la Esperanza y se visten tradicionalmente de manolas. Además, las dos son de la sección de la Virgen de la Alegría de la Cofradía de Jesús Resucitado y en el caso de Ana, desde hace treinta años también de La Samaritana.

Para ellas, la Semana Santa es una celebración que quieren y que han vivido desde siempre con cariño y por ello, se sienten contentas de aportar su granito de arena a la pervivencia de una tradición como la de rizar los capirotes.

Totana Noticias - Linea Local